Sin embargo, existen actividades y hábitos que pueden ayudar a frenar el avance de esta condición, especialmente durante la infancia y la adolescencia, etapas clave en el desarrollo visual.
La importancia de la luz natural
Una de las recomendaciones más consistentes por parte de oftalmólogos y optometristas es aumentar el tiempo que los niños pasan al aire libre. Estudios científicos han demostrado que al menos 2 horas diarias de exposición a la luz natural pueden reducir significativamente el riesgo de desarrollar miopía o ralentizar su progresión.
“El ojo necesita luz solar para desarrollarse adecuadamente. No se trata solo de ver de lejos, sino de permitir que el sistema visual se estimule de forma saludable”, explica la doctora Laura Rivas, especialista en oftalmología pediátrica. “El tiempo al aire libre, incluso en días nublados, ofrece una luz mucho más intensa que la de los interiores”.
Reducir el tiempo frente a pantallas
El uso excesivo de pantallas digitales —ya sean teléfonos móviles, tabletas, computadoras o televisores— se ha identificado como un factor que contribuye al desarrollo de la miopía. No solo por la distancia corta de enfoque, sino también por el tiempo prolongado sin descanso visual.
Los expertos recomiendan aplicar la regla “20-20-20”: cada 20 minutos de uso de pantallas, mirar algo a 20 pies (6 metros) de distancia durante al menos 20 segundos. Esta práctica ayuda a reducir la fatiga ocular y fomenta un enfoque a distintas distancias.
Actividades que pueden ayudar
Además del juego al aire libre, hay otras actividades que pueden favorecer la salud visual:
Deportes al aire libre como el fútbol, el ciclismo, la natación o el senderismo, ya que obligan a mirar a distintas distancias y en espacios abiertos.
Lectura con buena iluminación, evitando leer con luz tenue o mientras se está acostado.
Pausas visuales frecuentes durante tareas escolares o de concentración.
Dibujar, pintar o construir manualidades con descansos regulares puede ser beneficioso si se controla el tiempo en visión cercana.
El rol de los padres y la escuela
La prevención también pasa por el entorno familiar y educativo. Padres y docentes tienen un papel clave en la creación de hábitos saludables: motivar actividades al aire libre, limitar el uso de dispositivos en el hogar y fomentar el juego activo.
Algunas escuelas ya han implementado cambios en sus horarios, incluyendo recreos más largos y actividades deportivas diarias al aire libre como parte de la rutina escolar.
Controles visuales periódicos
Finalmente, se aconseja realizar revisiones visuales periódicas, al menos una vez al año, especialmente si hay antecedentes familiares de miopía. Detectar a tiempo los primeros signos puede permitir la intervención temprana con lentes correctivos o tratamientos especializados.
Frenar el avance de la miopía es posible mediante cambios simples pero sostenidos en el estilo de vida. Más juego al aire libre, menos pantallas y una atención constante a la salud visual pueden marcar una gran diferencia en el bienestar ocular de las nuevas generaciones.


