La menopausia es una etapa natural en la vida de toda mujer, pero los cambios hormonales que la acompañan pueden desencadenar un verdadero desafío emocional. Ansiedad, irritabilidad, tristeza y alteraciones del sueño son algunos de los síntomas que afectan la salud mental durante este período de transición. Sin embargo, distintos estudios señalan que el ejercicio físico puede ser una herramienta clave para mejorar el estado de ánimo y promover el bienestar general.
Durante la menopausia, los niveles de estrógeno disminuyen de manera significativa, lo que no solo provoca síntomas físicos como los famosos sofocos, sino que también impacta directamente sobre neurotransmisores como la serotonina y la dopamina, fundamentales para regular las emociones. Esta alteración química puede llevar a un mayor riesgo de padecer depresión o trastornos de ansiedad.
“La salud mental en la menopausia todavía es un tema poco visibilizado. Muchas mujeres no relacionan sus cambios emocionales con el proceso hormonal que están atravesando”, explica la doctora Mariana Sosa, psiquiatra especializada en salud femenina. “Es fundamental abordar esta etapa con una mirada integral, que incluya tanto el acompañamiento médico como estrategias de autocuidado”.
En ese sentido, el ejercicio físico aparece como una de las principales herramientas no farmacológicas recomendadas por los especialistas. Realizar actividad física de manera regular ayuda a liberar endorfinas —conocidas como las “hormonas de la felicidad”—, que contribuyen a mejorar el humor, reducir el estrés y favorecer un mejor descanso nocturno.
Un estudio publicado en la revista Menopause encontró que las mujeres que realizaban actividad física moderada al menos tres veces por semana reportaban menores niveles de ansiedad y depresión, además de una mejor percepción de su calidad de vida. Según los investigadores, no era necesario un entrenamiento extenuante: caminatas rápidas, yoga, natación o clases de baile podían ser suficientes para obtener beneficios significativos.
“Lo importante es encontrar una actividad que resulte placentera y que pueda sostenerse en el tiempo”, aconseja la kinesióloga Lucía Méndez, especializada en movimiento terapéutico. “Más allá de la cuestión estética o de la búsqueda de rendimiento, el objetivo en esta etapa debe ser cuidar la salud mental y el bienestar general”.
Además del impacto positivo en el estado de ánimo, el ejercicio ayuda a controlar otros síntomas comunes de la menopausia, como el aumento de peso, la pérdida de masa muscular y los problemas óseos. “Moverse es una forma de reconectar con el propio cuerpo, de fortalecerlo y de acompañarlo en sus cambios”, agrega Méndez.
Sin embargo, los especialistas advierten que la actividad física debe ser parte de un enfoque más amplio que incluya una alimentación equilibrada, espacios de descanso adecuados y, si fuera necesario, apoyo psicológico. También resaltan la importancia de personalizar las rutinas de ejercicio, adaptándolas a las necesidades y condiciones de cada mujer.
La menopausia no tiene por qué vivirse como una etapa de pérdidas. Con el acompañamiento adecuado, puede ser una oportunidad para reencontrarse con el propio bienestar, explorar nuevas formas de autocuidado y fortalecer la conexión con una misma. En ese camino, el movimiento no solo fortalece el cuerpo, sino que también puede ser un verdadero aliado para sanar y florecer desde adentro.


