En una era marcada por la inteligencia artificial (IA), el conocimiento ya no es un conjunto de datos que se memorizan, sino una habilidad que se cultiva: la de aprender a aprender. En Argentina, este cambio de paradigma atraviesa las aulas, los espacios de trabajo y los hogares, obligando a repensar cómo formamos a las próximas generaciones en un mundo donde las máquinas también aprenden.
La irrupción de herramientas como ChatGPT, Copilot o Gemini ha puesto a disposición del público una capacidad inédita de procesamiento de información. “Hoy no alcanza con saber usar la tecnología; hay que entender cómo pensar con ella”, explica la pedagoga y especialista en innovación educativa, María Inés Roldán, de la Universidad de Buenos Aires. “La IA no reemplaza la inteligencia humana, pero cambia radicalmente lo que consideramos valioso aprender”.
Del saber al saber aprender
Durante décadas, el sistema educativo argentino —como muchos en el mundo— se basó en la transmisión de contenidos. Sin embargo, la velocidad con la que cambia el conocimiento hace que esa lógica quede obsoleta. La información está disponible en segundos, pero comprenderla, filtrarla y aplicarla de forma crítica se vuelve el verdadero reto.
“Los chicos pueden preguntarle a una IA cualquier cosa, pero si no tienen criterio, terminan repitiendo sin pensar”, advierte Carlos Mansilla, docente de secundaria en Córdoba. “Por eso, más que enseñarles respuestas, hoy intentamos enseñarles preguntas”.
Este giro hacia el aprender a aprender implica fortalecer habilidades como la curiosidad, la adaptabilidad, el pensamiento crítico y la creatividad. La alfabetización digital —que alguna vez se limitó a saber usar una computadora— ahora se expande a comprender los sesgos de los algoritmos, la ética del uso de datos y las implicancias sociales de la automatización.
Las escuelas y el desafío del cambio
Algunas instituciones educativas ya están incorporando estos enfoques. En la provincia de Buenos Aires, el programa “IA y Educación” busca capacitar a docentes en el uso responsable de la inteligencia artificial y en metodologías activas como el aprendizaje basado en proyectos.
“Queremos que los estudiantes no sean solo consumidores de tecnología, sino también creadores”, señala Sofía Ferreyra, coordinadora del programa. “Eso requiere un cambio profundo en la cultura escolar, donde el error deje de verse como fracaso y pase a ser parte del proceso de aprendizaje”.
En las universidades, la transformación también se acelera. Carreras tradicionales como Derecho o Medicina incorporan módulos sobre IA y ética tecnológica, mientras que surgen nuevas disciplinas híbridas, como la ingeniería en datos o las humanidades digitales.
El aprendizaje continuo, una necesidad vital
Fuera del aula, el fenómeno impacta igualmente. En el mercado laboral, los profesionales enfrentan una demanda creciente de actualización permanente. “El conocimiento técnico se vuelve obsoleto cada pocos años. La única forma de sostener la empleabilidad es aprender toda la vida”, afirma Ricardo Álvarez, consultor en desarrollo organizacional.
Empresas y organismos públicos comienzan a ofrecer programas de reskilling y upskilling para adaptarse a los cambios tecnológicos. Pero la clave sigue siendo individual: aprender a gestionar la propia curiosidad y autonomía en entornos digitales complejos.
Un futuro en construcción
Argentina, con su tradición educativa y su capacidad creativa, enfrenta el desafío y la oportunidad de construir una cultura del aprendizaje permanente. En tiempos de inteligencia artificial, el conocimiento no se trata solo de acumular saberes, sino de desarrollar la capacidad de reinventarse.
Como resume la pedagoga Roldán: “La IA puede procesar millones de datos, pero solo los humanos podemos transformar esos datos en sabiduría. Y eso empieza, siempre, aprendiendo a aprender”.








