Buenos Aires. – Cada vez más argentinos se acuestan tarde, aun sabiendo que al día siguiente les espera una jornada larga y demandante. El fenómeno tiene nombre: procrastinación del sueño, y describe el hábito de retrasar la hora de ir a dormir sin una razón externa que lo justifique. Es decir, no se trata de insomnio, sino de una decisión consciente –aunque no siempre voluntaria– de quedarse despierto.
Durante los últimos años, este comportamiento se volvió más frecuente en adultos y jóvenes, especialmente en contextos urbanos como Buenos Aires, Córdoba y Rosario. Según especialistas en cronobiología, la práctica está “naturalizada”, pero puede tener efectos preocupantes sobre la salud física, emocional y cognitiva.
“Un acto de rebeldía contra el día”
La psicóloga y docente de la UBA, María Florencia Allende, explica que la procrastinación del sueño muchas veces aparece como una forma de “recuperar tiempo personal”.
“Las personas sienten que el día estuvo lleno de obligaciones, presiones laborales o actividades que no eligieron. Entonces aparece esta conducta de quedarse un rato más usando el celular, mirando series o navegando redes sociales. Es un acto de rebeldía silenciosa”, detalla.
Los especialistas llaman a esto “venganza por privación del tiempo personal”, un término que surgió en Asia y se extendió rápidamente por el mundo. En Argentina, se observa especialmente en personas que trabajan largas horas o estudian y trabajan al mismo tiempo.
La influencia de la tecnología
Otro factor clave es la estimulación digital. La luz azul de los teléfonos y pantallas retrasa la producción de melatonina, la hormona que regula el sueño.
“Las notificaciones, el scroll infinito y la necesidad de estar conectados activan el cerebro en horarios donde deberíamos desactivar”, explica el neurólogo del Hospital Italiano, Diego Merani.
Este comportamiento se acentúa entre adolescentes y jóvenes adultos, un sector donde el uso de redes y gaming nocturno aumentó significativamente en los últimos años.
¿Qué consecuencias tiene?
Aunque parezca inofensiva, la procrastinación del sueño puede desencadenar problemas de salud a corto y largo plazo. Entre los más comunes, los especialistas destacan:
Fatiga constante
Dificultades de concentración y memoria
Irritabilidad y alteraciones del estado de ánimo
Disminución del rendimiento académico o laboral
Aumento del estrés
Desequilibrios metabólicos y hormonales
A largo plazo, puede contribuir al desarrollo de trastornos como hipertensión, ansiedad o depresión.
Un problema cultural y económico
Para muchos argentinos, acostarse tarde no es solo un hábito personal sino una condición sociocultural. Jornadas laborales extensas, tiempos de viaje prolongados, dobles empleos y responsabilidades familiares hacen que el tiempo libre se reduzca, relegando el descanso a un segundo plano.
“Cuando el único momento del día donde podés relajarte es la noche, tu cerebro intenta extenderlo, aunque después lo pagues caro”, afirma Allende.
A esto se suma la cultura local del “horario corrido”: cenas tardías, actividades sociales nocturnas y la costumbre arraigada de dejar “todo para después”.
¿Cómo combatir la procrastinación del sueño?
Los especialistas recomiendan una serie de estrategias para recuperar hábitos saludables:
Fijar una hora estable para ir a dormir, incluso los fines de semana.
Reducir el uso de pantallas al menos una hora antes de acostarse.
Implementar rutinas relajantes: lectura, música suave, duchas tibias.
Evitar comidas pesadas y estimulantes por la noche.
Organizar mejor el día para reservar espacios de descanso real.
Allende subraya que no se trata de eliminar el ocio, sino de buscarlo durante el día y no “robárselo” a la noche.
Una reflexión necesaria
La procrastinación del sueño es un síntoma del estilo de vida moderno. En un país donde las exigencias laborales y académicas son intensas, y la situación económica genera estrés constante, dormir puede parecer un lujo. Sin embargo, los expertos coinciden: descansar no es opcional, es un pilar de la salud.
Reconocer por qué retrasamos la hora de dormir es el primer paso para cambiar. Tal vez, en lugar de luchar contra el sueño, sea hora de recuperar un derecho básico: el de poder descansar.








